
París nace en el Sena, y es sin duda, su más bella avenida. Desde esta vía real, París ofrece a la vista sus más bellas perspectivas y valiosos monumentos. “La Isla de la Cité es la cabeza, el corazón y la esencia de París” que resguarda uno de los más antiguos y prestigiados monumentos de París: la catedral de Notre-Dame.
La Isla de la Cité aloja el Palacio de Justicia y la Conciergerie, sedes de la autoridad civil y judicial. Situado en el corazón de la ciudad, este Palacio fue la primera residencia de los reyes de Francia. Después de que éstos se mudan al Louvre, la Conciergerie se vuelve la primera prisión de París. Detrás de Notre-Dame, un puente permite el acceso a la encantadora y apacible Isla Saint-Louis. Con sus aires provincianos y la belleza homogénea de sus muelles, la isla aloja opulentas residencias y hoteles particulares del siglo XVII. Fue construida sobre dos islotes, bajo el reinado de Luis XIII, por el patrono Christophe Marie.
Treinta y siete puentes franquean el Sena, donde el más antiguo es, a pesar de su nombre, el Pont Neuf (Puente nuevo). Al final del Pont des Arts se encuentra el Louvre, el más famoso de los museos y más vasto edificio parisino.
La Plaza de la Bastilla marca el límite Este del Marais. En este sitio se ubicaba la famosa prisión, símbolo del absolutismo real, “tomada” el 14 de julio de 1789 por los “Sans-Culotte” , cuya demolición determina el advenimiento de la Revolución Francesa.
El Puente Alexandre III ofrece una hermosa vista del más famoso de los monumentos parisinos: la Torre Eiffel. Para millones de turistas, ésta simboliza la ciudad de París, a tal punto que es difícil disociar una de la otra.